lunes, 20 de agosto de 2012

Hermanos, armas y rosas


Hace mucho que tengo ganas de escribir algo sobre los Guns y no puedo. No sé por dónde empezar, y cuando creo tener una idea disparadora, termino yéndome por las ramas, hablando de películas sobre rockeros en decadencia y no de música, y mucho menos de los Guns. Me gustaría encontrar una manera de decir las cosas que sea original, encontrar una historia que guíe la narración, y que más o menos me conduzca por el camino que quiero recorrer. Pero o no tengo historia, o la que tengo no me convence, o no estoy muy segura de qué es lo que quiero contar. Entonces pospongo hasta el infinito mi texto sobre los Guns. Y no me gusta, quiero decir algo, porque están dando vueltas todas sus canciones por mi cabeza hace semanas. Son enormes canciones, quizás las mejores. Son tan mías que debe ser por eso que no puedo decir nada.

En 1991 salió Use Your Illusion I y yo tenía 9 años. Por supuesto que a esa edad me atrapaban más las canciones de Xuxa que un disco de rock. Pero no pasó mucho tiempo hasta que los Guns entraron en casa. Tengo un hermano 4 años mayor, eso explica buena parte de mis gustos musicales, si no los explica todos. Pero también era la edad en la que mi hermano y yo nos llevábamos a las patadas. Yo jugaba tranquila en mi cuarto, siempre fui de jugar sola, a mi mamá le gustaba decir que tenía “mucha imaginación”. Quizás la única explicación era que no tenía amiguitas de mi edad, era la más chica del barrio. Entonces jugaba sola, en mi pieza, un cuarto compartido con mi hermano. Cama cucheta. Alfombra marrón. Un placard gigante que ocupaba casi todo el espacio. Y una mesa, debajo de la cual yo armaba casitas de muñecas. Un vecino, Adrián, con leve retraso mental, era el encargado de entrar a la habitación a destrozar mi imaginación infantil. Recibía órdenes, era rentado por mi hermano, que escuchaba en el living con cara de yo no fui cómo su hermanita se desgarraba en llanto después de que Adriancito deshiciera de una simple patada todo mi castillo de muñecas. Mi hermano no decía nada, pero por dentro disfrutaba de la maldad que acababa de perpetrar. Adriancito no entendía, o se hacía el que no entendía. Era tonto pero no boludo. Mi mamá venía como un trombo desde la cocina a la pieza a retarme porque estaba gritando. Todo muy injusto. Si hubiera que ponerle una cortina musical, sin dudas sería una canción de los Guns. Y yo los odiaba.

Odiar a los Guns era una forma de distanciarme de la crueldad de mi hermano, que hasta llegó a quemarme una muñeca Tammy con la complicidad de un señor que una vez vino a colocar la pileta en el fondo. Otro hijo de puta sin corazón. Mi mamá también los odiaba, decía que su música era “puro ruido” y burlonamente los llamaba “Los Gansos Rosas”. Eso despertaba la ira de mi hermano que los defendía a muerte mientras le subía el volumen al grabador.

Pero un día crecí. Atrás de mi hermano, crecí. Y Adriancito también creció al punto que sus problemas de aprendizaje se fueron intensificando. Cada vez se notaba más la diferencia entre mi hermano y él, y los padres de Adrián, avergonzados o superados por la situación, decidieron que era momento de llevarlo a un colegio especial. Lo separaron de los amigos del barrio, quienes también cruelmente le hacían notar que era tonto. Entonces pasó que mi hermano se quedó sin cómplice para atormentar a su hermanita. Y la hermanita tampoco era más esa chiquita llorona que sufría por las injusticias del mundo. Me había despertado, tenía sed de venganza y qué mejor que una banda de rock para saciarla.

Estaban ahí, a mano, la fiebre adolescente por los Guns N' Roses recién había empezado. En el '92 vinieron por primera vez al país, y mi hermano los fue a ver. Fue su primer recital y yo, que he ido a muchos, lo envidio profundamente por eso. Me acuerdo que el escenario no era nada suntuoso, apenas tenía un muñeco inflable gigante que aparentaba ser el diablo. Pero aún así, era lo más grande que había pasado a nivel musical desde que yo tenía memoria (que no era mucho tiempo), y para mí verlos a través de la pantalla de Telefe, con el Bebe Sanzo como presentador, era lo más espectacular que había vivido jamás. Recuerdo a un imitador de Axl Rose en el programa de Tinelli, vestido con una camiseta de Argentina, el pelo largo y pelirrojo, la camisa escocesa anudada en la cintura y la infaltable bandana en la cabeza. Corría y corría sin sentido por todo el estudio, como hacía Axl durante todo el show. No había pantalla gigante, apenas dos imágenes enormes a cada lado del escenario con las portadas de Use Your Illusion I y II. Slash con esa galera mugrienta, fumando mientras le arrancaba a las cuerdas la más terrible confesión. Yo no había visto nada igual antes y mi mamá me pedía que le bajara el volumen al televisor. Necia.

Después estuvo el capítulo ese de Sin Condena que contaba la historia de una chica que se mató porque el padre no la dejó ir al concierto. Era la época en la que por cada uno que venía (paren de venir, paren de venir, hoy es sábado a la noche y no sé adónde ir), había un grupito estable de fans frente al Hyatt esperando recoger las migas que sus ídolos arrojaban desde el balcón (qué balcón más chiquito, debo decir). Y esta chica, interpretada por Belén Blanco, se había matado porque el padre no entendía el fanatismo de su hija, la esperanza depositada en una banda de rock. Sí, es estúpido si te lo ponés a pensar 20 años después, pero en esa época era todo lo que tenías. Un poster de Axl colgado en la habitación, un equipo de música, algunos discos, y toneladas de energía que brotaban sin cause. Rebeldes sin causa, o sí, qué se yo.

Me enamoré de Axl, lo consideraba un dios. Me enternecía toda esa supuesta historia de que su padrastro lo había violado, que nunca supe si fue cierta o no. Le agregaba un plus a su traumada personalidad que las siglas de su nombre completo, William Axl Rose, formaran la palabra WAR, es decir, GUERRA. Lo creía predestinado al bardo. Hoy más bien te diría que todo fue una fenomenal estrategia de marketing, pero las canciones no. Su voz no. Y por eso respeto a la banda como si los estuviera escuchando por primera vez, porque realmente eran los mejores.

Yo aprovechaba que mi hermano tenía algo de plata y se compraba discos -vendía heladeras comerciales cuando salía del colegio- para robarle toda la música que escuchaba. No había nada más placentero para mí que cantar frente al enorme parlante del living canciones de los Guns. Me las sabía de memoria, por fonética, porque no entendía nada de inglés en esa época. Patience, Yesterdays, Don't Cry y November Rain eran las baladas que me hacían temblar el corazón. Se terminaba Patience y la volvía a poner, una y otra vez, así toda la tarde. De alguna manera era como seguir jugando sola, pero sin que mi hermano o ninguno de sus encargados viniera a romper el encanto. Porque ahora nos queríamos, estábamos juntos, adorábamos a la misma banda de rock.

Muchos años después mi hermano se mudó solo y no se llevó los discos. Los dejó, le hice creer que yo iba a conservarlos mejor (lo cual es cierto). Los tengo. Y, por todas las veces que me hizo llorar, no pienso devolvérselos. Ni aunque venga Adriancito a pedirme por favor.




3 comentarios:

Perry Mastrángelo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Perry Mastrángelo dijo...

Hey hola! ¿Puedo pasar?

Tierna historia. Mucha gente olvida que detrás de la imagen hay canciones, arte, y a los Guns le sobran méritos. Appettite y los Illusion son inefables de punta a punta. No pierdo oportunidad de defenderlos, toda vez que suenan en la radio (hace añares que no los pongo en casa; tampoco los uso para practicar guitarra porque las afinan un semitono más abajo). Suelen ser blanco de críticas despiadadas y poco fundamentadas. Claro, hoy es facilísimo ser experto en cualquier cosa, total está Youtube y Wikipedia. Los que estuvimos esos años con esos discos sonando casi todos los días sabemos que no es así. Aun cargados de clichés, eran una banda de la hostia, explosiva, y que armó un quilombo tremendo.

Pero está lo personal. En 1992 tenía 13 y no pude ir porque ya había mendigado una entrada para ver a Soda Stereo en Obras (¡presentando Dynamo!). Bueno, lo dan por Telefé. ¡Pero no! Fui arrastrado a una reunión de amigos de mis padres... gente de otra generación, que sin embargo tenía puesto el canal a buen volumen... Pude verlo enterito y un arma secreta: lo dejé grabando, con entrevista de Felipe McGough y todo... lástima que el delay de Axl me agotó la mitad del VHS...

Un par de notas:
1- El Illusion II fue el segundo CD de mi colección.
2- Siempre me gustó más el I. Lo veo más diverso, entretenido. El II es más áspero.
3- Fui a ver a Velvet Revolver y luego a los "Guns" entre comillas simplemente por una deuda con mi adolescencia. Ninguno de los dos conciertos me dejó grandes recuerdos.
4- Definitivamente, EL momento era aquel, el de tu hermano, el de mi amigo-hermano Rafa. Aceptémoslo. Esos días de la revista Generación X, Chiches Gelblungs en cada almacén, diciendo que por Dios, esta juventud, estos Gansos, que se van a lavar las botas y....

Matias dijo...

No se como fué que me perdí este post.
GNR, River, 1994 fue mi segundo recital, con tiernos quince. La Plata, 2012, el último, 34.
Soy fan sin fecha de vencimiento.