miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sueños de actualidad


Sueño, de Viky Vitar

Tuve un sueño de lo más caótico, de esos que después de un tiempo te siguen sorprendiendo porque no te sirve saber que hay una lógica escondida detrás, y preferís pensar que alcanzaste tu punto máximo de creación ex nihilo.

Cuando lo empiece a contar, todo va a tener sentido. Yo puedo más o menos interpretar de dónde salió cada cosa, pero lo gracioso o ambicioso o desconcertante o mágico o espectacular es el resultado final. El todo que se armó a partir de las distintas partes.

Nunca se me dio por escribir los sueños, apenas por contárselos a alguien. Pero no soy de esas personas que en la mesita de luz tienen un cuadernito para apuntar tres o cuatro ideas principales de lo que recuerda que soñó la noche anterior. No sabría qué hacer luego con esa información, aunque sin dudas me tienta la idea del cuaderno en la mesa de luz.

Pero creo que este sueño merece ser contado por la inmensa ternura que encierra, a pesar de varias cosas que terminaron saliendo mal. Fue un sueño tragicómico, en la batea del videoclub yo lo pondría al lado de películas como Hogar dulce hogar o Mejor solo que mal acompañado.

Había mucha gente en la calle, vestida con sus mejores ropas, bailando, riendo, tomando un trago. Se escuchaba música, aunque no podría precisar con exactitud qué ritmo se estaba bailando. Sí puedo decir que, aunque fisonómicamente no tuviera nada que ver con la real, esa calle era la de la cuadra de mi casa en Luis Guillón. Y todo hacía pensar que se celebraba el fin de año o algo parecido. La atmósfera en el ambiente era sin dudas de celebración. Luego supe que entre las personas que había bailando en la calle estaban también mis compañeros de trabajo, radiantes, sonrientes y bien vestidos. ¡Hasta yo tenía puesto un vestidito! Así que me situé en el tiempo y concluí -durante el sueño- que aquello era la fiesta de fin de año del trabajo, organizada no sólo en plena calle sino que además enfrente de la casa donde viví 24 años de mi vida. Todo muy conveniente y perfectamente lógico, ¿no es cierto?

Después de un rato llegó el momento de los fuegos artificiales. Como era la fiesta del trabajo todos esperábamos que el show de pirotecnia estuviera buenísimo, como los que tiraron en el cierre de los festejos del Bicentenario, que alumbraron el cielo en plena noche. Entonces subimos a la terraza del edificio que estaba en esa calle que si seguimos las reglas tendría que haber sido mi casa materna, pero no, era una terrible mole de cemento y para llegar hasta la terraza había que subir el último piso por escalera. La persona que nos guiaba en el camino era Cristina Fernández de Kirchner. Y yo en el sueño ya sabía que el 4 de enero la operaban.

Cristina estaba igual que siempre, bueno, igual que en el último año y pico: vestida de negro y con el pelo suelto. Lo bueno es que se la veía sonriente. Durante el sueño no se habló en ningún momento de su doble rol de Presidenta de la Nación y señora que abría la puerta de una terraza para que empleados de una empresa pudieran prender fuegos artificiales. De hecho creo que la única persona contenta con la presencia de Cristina esa noche era yo, que al fin y al cabo era la protagonista de esta colección de imágenes.

Había gente que luchaba en la azotea (?) con cañitas voladoras y luces de colores. De repente vimos un tremendo arco iris de artificio cruzar el cielo, y por un momento pensamos que esos podían ser los cohetes que estábamos esperando. Pero no. Seguramente los nuestros iban a ser mucho más austeros, por no decir pedorros. Toda esa fiesta de fin de año era de muy bajo presupuesto.

Ponele que la gente seguía ahí afuera tratando de dar mecha mientras que a un grupito de personas le empezó a picar el bagre, entonces Cristina se puso a hacer 1 (UNA) hamburguesa para todos. Lo necesario para la preparación salió de la casa de Laura, una compañera mía del trabajo. De hecho, si desde la terraza te metías de nuevo al edificio, aparecías en la cocina de la casa de Laura que por supuesto no conozco, así que me la tuve que imaginar y esta vez sí que todo fue creación mía. Le pedimos permiso a Laura para sacar un paty del freezer. Laura accedió gustosa. El paty tenía forma de cerebro, a todos nos pareció de lo más normal. Cristina seguía al mando de la situación, como siempre, como no podía ser de otra manera. El olor a paty invadía el ambiente y yo pensaba que con uno solo no íbamos a hacer nada. Pero eso lo pensaba en mi estadio pre-consciente, dentro del sueño con un solo paty al plato comíamos todos. Mientras Cristina hacía el medallón de carne a la plancha vuelta y vuelta, como si fuera Varsky en su primer trabajo, yo me acerqué a ella para preguntarle algo. Ya les dije que sabía que la tenían que operar de un cáncer de tiroides en unos días. Entonces me acerqué y le dije despacito, para que no me eche de su lado, le dije: ¿vos cómo estás, cómo te sentís? La tuteé a la Presidenta porque en mi sueño se parecía más a una mamá que a una jefa de Estado y porque además no me importaba nada lo de la licencia por 20 días. Yo sólo veía a una mujer que hacía patys en una fiesta de fin de año y que en poco tiempo tenía que entrar a un quirófano.

La nota de color fue que mientras la miraba a Cristina al mando de la plancha caliente, de la terraza vinieron ruidos de protesta, como si una columna obrera estuviera marchando. Se escuchaba la voz de un megáfono y salí corriendo a ver qué era. Resultó ser la promoción de un recital de Peter Gabriel, aunque todos sabemos que mi cabeza en realidad quiso decir Pink Floyd, y que no se refería a otra cosa que a los 9 shows de Roger Waters. La gente aplaudió a rabiar los gritos de protesta de The Wall, y de fondo sonó The Great Gig In The Sky justo para cuando alguien logró prender los fuegos artificiales, vaya uno a saber por qué se demoró tanto.

Hacía rato que no veía un show de luces tan pedorro, entre esa cañita triste que no alcanzó a prenderse del todo y el único paty de la noche, decidí que nunca más iba a ir a la fiesta del laburo. Pero la imagen final del sueño fue otra, por suerte. La vi a Cristina en un acto, tenía puesto un vestido color ladrillo con vivos en púrpura, estaba más linda que nunca. Lo primero que pensé fue: mirá qué bien se la ve. Lo segundo: ¡y ya no está más vestida de negro!

Así se terminó el sueño, y después de eso no pude dormir más. Me despertó la contundencia de las imágenes, las ganas de que ese final sea cierto. Quizás les parezca absurdo soñar con un presidente, yo también lo pienso. Pero no es la primera vez que sueño con Cristina, y eso para mí quiere decir algo. Es una mujer que traspasa su cargo, conecta afectivamente con la gente, y por eso se nos queda grabada su imagen en la retina y la soñamos de noche y le decimos despacito que no se preocupe, que todo va a salir bien. Yo pienso que mi sueño fue como un renacimiento, ustedes pueden interpretar lo que quieran.

Los quiero mucho. Feliz Año Nuevo.

4 notas ajenas:

MarianoMundo dijo...

Nunca jamás tuve un sueño de la intensidad y la ternura que alcanzó el tuyo. Y nunca nunca leí uno mejor contado que este.
Me pude imaginar tu "acercarte despacito a la presi", vi tu cara y la forma familiar y dulce de preguntarle "¿y vos, como te sentís?"
De hecho, tan bien contado, que siendo un completo absurdo, todo tiene su sentido perfecto.

Solo deseo que tu 2012 sea pleno, enorme, inolvidable.
Yo también te quiero mucho.

Pelu Peluso dijo...

Que lindo esto, che!

Yo soñé hace unos meses con Boudou. Lo más desubicado era que venía a casa, y los que lo acompañaban me explicaban "quería conocerte", y a mi me parecía re normal (¿?).

Siempre pasó, me gusta mucho como escribís.

Pelu Peluso dijo...

Quise decir siempre paso, pero no sé que pasó, cuak.

Anónimo dijo...

Prestame a MarianoMundo un ratito como hermano.