jueves 8 de septiembre de 2011

Estalló el verano

Más o menos desde el verano del 2005 que nos viene pasando lo mismo. Al principio fue raro, no sabíamos muy bien de qué se trataba y teníamos prejuicios. Sí, indudablemente podemos decir que era imposible que pasara desapercibido, un poco porque estaba en todos lados, pero más que nada porque era algo nuevo. Después empezamos a notar que cada vez que aparecía, todo a nuestro alrededor cambiaba. Como si se pusiera en funcionamiento un motor, como cuando escuchás a lo lejos que destapan una botella: el humor general cambiaba. La gente empezaba a moverse de manera extraña, sobre todo las mujeres a las que parecía que el cuerpo se les iba a quebrar en varias partes. Era gracioso porque nunca antes habíamos visto semejante despliegue de movimientos que a todas luces no estaban en nuestra sangre, ¿o sí? En poco tiempo, pasamos de la crítica a la observación participante, quisimos mezclarnos con los entendidos y conocerlo todo. Para eso hubo que entrar en confianza, compartir sus rituales, actuar como uno más. Se corría el riesgo de quedar en evidencia, es cierto, pero peor era mirar desde afuera y morderse la lengua. Así fue cómo, sin volvernos expertos, logramos sortear con decencia el desafío que nos imponía la nueva moda. Porque también es cierto que creíamos que era sólo una moda, pasajera, divertida pero efímera, y que una vez que se terminara íbamos a volver a lo anterior, a lo que ya nos pertenecía, a lo que sabíamos que no nos iba a dejar mal parados en medio de la gente.

Estábamos equivocados, porque la moda empezó a comérselo casi todo, a tal punto que no hubo vuelta atrás. Y además, tratándose de una moda, la realidad era que se retroalimentaba bastante, logrando mantenerse siempre vigente. Todo el tiempo había novedades, empezamos a vernos envueltos en un maremoto de nombres que de querer llamar así a nuestros hijos, tendríamos que hacer un trámite especial en el registro civil. Preguntábamos de dónde venía todo eso y la respuesta era siempre la misma: Centroamérica. -Sí, ¿pero de dónde específicamente? –Puerto Rico –Ah… ¿pero qué vendría a ser? –Reggeatón -¿Reggaequé? –Reggeatón nena, dejá de preguntar y seguí bailando. Entonces seguimos bailando, pero no por imposición sino por gusto. Quizás al principio nos sentimos un poquito invadidos, más que nada porque no entendíamos bien de qué iba la cosa. Pero pasado el tiempo, los mismos que antes mirábamos de reojo un poco perdidos entre las rimas que no dejaban de sucederse, fuimos los que empezamos a pedir más. Arrancamos con “Gasolina” y no hubo forma de parar. “Lo que pasó, pasó”, “La Despedida”, “Llamado de emergencia”, “Ella me levantó”, “Pose”, “Oasis de fantasía”, “Salgo pa’ la calle”, “Qué tengo que hacer”, “Descontrol”, “La señal”, “Grito mundial” y un montón de otras canciones de las no sabemos ni el título, pero que seguramente hemos bailado más de una vez. Entonces nos pusimos a pensar, una vez que nos acercaron una cerveza y nos sentamos a recuperar la respiración: ¿quién está detrás de todo esto? ¿Cómo fue que pasó de una movida local a dominarlo prácticamente todo? Todas las fiestas, los boliches, cumpleaños, playas, publicidades, locales de ropa, de zapatillas, comercios de electrónica, supermercados chinos y ¡hasta ferreterías! Pero además no solamente en Argentina, sino en Brasil, México, Uruguay, Chile, Colombia, todo Centroamérica, Venezuela, ¡Estados Unidos!, España y qué sé yo cuántos países más. ¿Por qué de repente artistas más bien pop se vieron obligados a sacudir las caderas y compartir cartel con uno de estos latinos ostentosos? ¿Quién marca el pulso de este género? ¿A quién hay que matar? O, mejor dicho, ¿a quién hay que besarle los pies y levantarle un altar? La respuesta es muy fácil, y aunque algunos en su afán por coquetear con la masa pero sin ensuciarse digan que es Calle 13, sepan que no. Que Calle 13 tendrá algo que ver pero siempre y cuando exista un Daddy Yankee en esta tierra. El único, el que desde hace más de cinco años viene musicalizándonos todos los veranos, el más grande de todos los tiempos, Daddy Yankee, the big boss.


Peter Capusotto se podrá reír mucho de él, pero vos andá aprendiéndote este tema, yo sé lo que te digo.


3 notas ajenas:

Marie dijo...

no es mi tema favorito de DY (tendría que elegir entre La despedida y LLamado de emergencia y no puedo) pero seguramente lo bailaremos, bancamos a DY frente a la mentira de Calle 13

Estefanía Iñiguez dijo...

Yo muero por “Oasis de fantasía” y “Salgo pa’ la calle” y la intro de Pose cuando dice siquitunga, siquitunga. Me vuelve loca el Papi este! Cuando nazca tu pibe tenés que enseñarle bien las cosas buenas de la vida, empezá por Daddy!

la secretaria dijo...

arranca la temporada de alegría