
Por los pasillos de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, sede Ramos Mejía, circulaba el rumor de que Aníbal Ford estaba muy enfermo. Pero ese año, durante el primer cuatrimestre de 2008, yo lo tuve como profesor en los teóricos de Teorías del Periodismo, cátedra que supo ser suya (y seguirá siéndolo) pero que a la luz de los hechos, la dirección la tomó Stella Martini, otra gran intelectual de la Comunicación en nuestro país. Entre los dos se turnaban la clase de los lunes de 19 a 21, y mientras con Stella las horas pasaban volando inyectándole una dinámica inusual a esas clases en las que el alumnado no suele tener mucha participación, cuando tocaban los lunes de Aníbal el ritmo era muy otro: se sabía, estaba enfermo. Pero igual seguía dando clases, proyectando en pantalla gigante (un adelanto tecnológico pocas veces visto en Sociales) sus fotografías de publicidades que apelaban al impacto alto, directo, shockeante. Relatando anécdotas de hombre mayor, dejando ideas inconclusas sobre el escritorio que se traducían en apuntes incoherentes luego, sin cierre, para que después los estudiantes los atemos con alambre, como a él más le hubiera gustado. Su abundante conocimiento, su interés por absolutamente todo, la calidad de los profesores que hay en esa cátedra, el programa de estudios, la calidez humana... son todos factores que estaban allí, en el aula 106 si no me equivoco, los lunes de modorra, y que me ayudaron a pensar mi tesis de licenciatura (mi tutor es profesor de esa materia) y hasta probar suerte con la docencia. Soy una ex ayudante de la cátedra de Aníbal Ford y a través de sus textos pude comprender una cantidad de cosas que, tal vez, no las hubiera comprendido nunca. Los que no siguieron la orientación de Periodismo no saben de lo que estoy hablando. Pueden intuirlo, porque a lo largo de la carrera también se lee a Ford en otras materias, pero igual, la comunicación es en gran parte las enseñanzas de Aníbal que se ven en esa materia.
Y lo es hasta tal punto que fue este Aníbal y no otro, uno de los padres fundadores de la carrera a mediados de los '80. Un hombre cuyo apellido está asociado inevitablemente a la cadena de producción fordista, lineal, constante, unilateral, fue sin embargo el encargado de estructurar -en el mejor sentido de la palabra- un saber que permitiera abarcar a la Comunicación desde todos sus puntos de vista, pero sin olvidar nunca -y esto es algo para no olvidar- que es siempre un ida y vuelta, una flechita que va y otra que viene, esquema mil veces reproducido en los cuadernos del estudiantado. Ese es nuestro Ford, no el de la abolición de los tiempos muertos en la fábrica. Estoy hablando de un hombre que era pura interrelación, que sudaba cultura -y, otra vez, en el sentido más amplio de la palabra.
De él nos quedarán por siempre conceptos como "brecha digital", "inforicos e infopobres", "infoentretenimiento", "la espectacularización de la noticia", "toma this", "multiculturalismo" y la lista sigue. Estaba muy orientado a descubrir el velo de los centros productores de la información, que en sociedades hiperinformadas (otro de sus conceptos) se traduce como todo el conocimento que circula, porque es único y hegemónico, y por ello, es falaz. (Y en esas clases que fueron las últimas que dio, también hacía énfasis en el deterioro que significa la industria del turismo para la cultura, porque suele vaciar de contenido la historia de cualquier lugar. De allí nació la idea que tuve con unos compañeros de la facultad, de crear un portal destinado a recuperar y dar a conocer nuestro patrimonio cultural a los turistas que llegan a Buenos Aires sabiendo poco, y se van sin haber aprendido nada o -lo que es peor- habiendo aprendido mal. Eso fue Otro Turismo). Cuántas cosas no se dicen en el medio de todas las cosas dichas, cuántos gestos del lenguaje quieren decir al mismo tiempo un sentido que queda oculto, cuánto de lo que Aníbal Ford fue y será permanecerá de una u otra manera en cada uno de nosotros, aunque no lo sepamos nunca y aún después del día en el que el rumor que lo rodeaba se supo que era cierto.
Creo que le hubiera gustado mucho mi interés por los cementerios. Hoy se resignifican por completo las impresiones que tengo pendientes de escritura sobre Chacarita, paseo que di hace ya un tiempo.
Para quienes les interesa conocer un poco más sobre este hombre, aquí tienen una entrevista muy interesante que le hizo La Nación. Muy posiblemente haya sido la última.
Y, además, Página 12 publicó hoy una reseña sobre su vida que, a mi entender, fue la mejor despedida que le hicieron desde los medios gráficos, esa casa grande que siempre habitó.
















































