jueves 3 de julio de 2008

La paz queda en Bolivia


Del caso Ingrid Betancourt ya se ha dicho todo lo que se puede decir. Que está libre, que está flaca. Que la operación que llevó adelante el ejército colombiano se llamó “Jaque”. Que ni un solo tiro fue necesario. Entonces la libertad se parece mucho a un helicóptero blanco, que metonímicamente, es como la paloma de Picasso, ese dibujo simple y hermoso que es el símbolo mundial de la paz.

Como siempre pasa en momentos de río revuelto, hay que apresurar las tintas para meter todo en un mismo párrafo: Uribe, EEUU, Chávez, Cristina, Kirchner, Ingrid, Sarkozy, Emmanuel, papelón, libertad, FARC. Y la palabra paz dándole de comer a todas las redacciones del mundo, porque hoy Ingrid es tapa de todos los diarios (o debería serlo) y mañana será ganadora del Premio Nobel de la Paz (o deberían dárselo). Tan vacía de contenido está la “paz” que es casi como empuñar una cacerola por el “dialogo”. Si para hacer un análisis hay que cruzar varios registros, entonces vale la pena intentar desenmascarar qué se esconde detrás de un pedido global de paz para Colombia.

Lo primero que se viene a la mente cuando se habla de paz es nombrar a su contrapeso, la guerra. No se pide paz en el cielo, se pide paz en la tierra, donde todo se resuelve por choques de fuerza. Pedir paz es un deseo tan intangible como alcanzar el nirvana o perseguir una utopía. Y cualquier práctica vinculada con un pedido de paz es políticamente correcta, está bien, es humanitaria. Pero lo cierto es que en nombre de la paz se divide aún más la sociedad, porque lo público (ese lugar donde la paz no está, no puede verse, no se la consigue) pasa a ser el terreno allanado para que se apunten todos los dardos del conflicto. Es inseguro no vivir en paz, no se puede caminar tranquilo por la calle si no hay paz, los niños en la escuela no aprenden a hacer las paces, quedémonos adentro rogando que haya paz algún día en Colombia. Así las cosas, se prepara el suelo para que entren las fuerzas de la ley y el orden a actuar. “Los azules” para el diario Crónica, “la excelencia del ejército” para Colombia, “los soldados entrenados en bases militares yanquis” para el resto del mundo. No se pretende con esto desalentar las operaciones ideadas para devolverle la libertad a los secuestrados, ni quitarle crédito al final feliz de Betancourt y los catorce ahora ex rehenes (sería bueno saber también sus nombres). Pero sí es la idea pensar qué hay detrás de un pedido “desinteresado” por la paz, sobre todo cuando es de público conocimiento que entre Uribe y EEUU las relaciones son carnales. Por la paz se cometen actos de lo más desestabilizadores, se atrincheran las familias en barrios privados, se rellenan las programaciones de los canales de televisión con casos de secuestros, violaciones y descuartizamientos humanos. Toda información en tiempos de “lucha por la paz” apunta a desarticular un pensamiento crítico porque se la concibe con el fin de emocionar y conmocionar, tocar la fibra íntima de cualquier ser humano. No es casualidad que la única imagen de Ingrid en la selva sea la que se la retrataba como una virgen enferma, con el cabello largo y desprolijo; la mirada errante, perdida en la tierra. Harapienta, desorientada, como una muerta en vida. Al ver esa imagen, constante y sostenida por todos los medios de comunicación a nivel mundial, era imposible no rezar urgente por la paz para Colombia y aborrecer cualquier intento de milicia armada.

Hoy todas las miradas están puestas en la selva colombiana (ya se sabe dónde queda, ya se puede llegar), en la brillante ejecución de la operación estratégica que pergeñaron las fuerzas armadas colombianas con EEUU muy cerquita, pisándole los talones (de hecho, Uribe estaba reunido con McCain, candidato presidencial por el Partido Republicano en EEUU, cuando se enteró que la “Operación Jaque” había sido un éxito). Un personaje emblemático está de nuevo frente a las cámaras, Ingrid Betancourt, secuestrada hace 6 años y medio por las FARC, bella, blanca, mitad colombiana y mitad francesa. La prensa de todo el mundo informa hoy que la paz queda en Colombia mientras en Bolivia se preparan para la guerra y, con su ausencia, la alientan.

martes 1 de julio de 2008

Hermana flamígera



“Fue una reunión extraordinaria, Cristina es una hermana flamígera” dijo el mandatario venezolano a Página/12 en el marco de la reunión de jefes de Estado del Mercosur en Tucumán, y comparó el conflicto agropecuario con la intentona golpista que él mismo sufrió en 2001.
Para los cortos de vocabulario, flamígera -según la Real Academia Española- significa que arroja o despide llamas. Lo que le faltaba a Fernández, no sólo es una puta, conchuda, tilinga, vaga, trepadora, sorete, hija de puta y demás. Ahora la presidenta también es dragona.

viernes 27 de junio de 2008

Y que sea lo que sea

Facultad de Ciencias Sociales - UBA
Sede Parque Centenario, la del más horrendo gusto arquitectónico
Hace ocho años que estoy cursando una carrera universitaria. Me acuerdo que cuando estaba en el secundario, lo que menos pensaba era en seguir estudiando. A pesar de ser buena alumna, yo quería terminar. Después me vi en el vertiginoso fin que llegaba a las apuradas exigiendo que haga alguna actividad una vez abierta la jaula de la escuela secundaria. No sabía bien qué hacer. Un poco porque todas mis amigas (hoy perdidas en el mundo de la “vida adulta”) tenían bien decidido qué hacer (una estudió psicología, la otra biotecnología y la otra medicina) y otro poco porque yo no lo sabía pero sí tenía claro que lo mío era escribir, fue que me decidí por estudiar Ciencias de la Comunicación Social. Claramente, todo ese nombre largo y pantanoso pronto se redujo al no menos controvertido apodo de Periodismo. Hoy todo es distinto. Por suerte estos ocho años (siete y medio en realidad, como le gustaba cantar a Nico) pasaron para darme espesor, complejidad, amplitud.

Cursé el CBC en la sede de Avellaneda. Es importante que sepan que estudié en la UBA porque no tengo plata para pagarme una universidad privada pero, mucho antes que eso, porque defiendo a la enseñanza pública con toda la pasión que se le puede poner a algo por lo que realmente se puede estar muy apasionado, que es lo mismo que decir muy agradecido. Para mí la percepción social de lo público que hay en la actualidad es un error, un error grave. Que se cuestione al Estado el poder que tiene de intervenir en la economía nacional, me parece un signo más que elocuente del autoboicot permanente que siempre vivió, vive y aparentemente vivirá este país. Hay muchas cosas que no sabemos como ciudadanos, muchas tareas que nos atañen, que nos incumben, que deberían importarnos. Para mí la primer falencia grosera que le encuentro a la enseñanza privada es esa pretensión de apoliticidad. ¿De dónde salió la idea de que uno puede no interesarse por la política pero sí puede, con toda naturalidad, decir “estos negros de mierda por qué no van a laburar”? Todo esto tiene que ver con un problema mucho más grande y eterno: no se asume que la política implica choque de posiciones, no se asume que es conflictiva porque, sencillamente, no se asume nada. Ni los errores ni las responsabilidades ni los roles. Entonces lo que sale mal es un “problema político” y lo que sale bien es gracias a los “negocios”, que siempre son claros, transparentes. Que, como la publicidad, se cree que llevan adherido un “único” mensaje: vender. Yo creo que lo peor que tiene la enseñanza privada es esa idea de dirigirse siempre hacia delante, linealmente, para “progresar” en la vida. Ya desde el CBC de Avellaneda, en el 2000, pre-crisis que nos dejó a todos con una mano atrás y otra adelante, me fui dando cuenta que mi realidad era muy otra. Y con esto digo que mi país era muy distinto al del colegio católico y privado que mis padres me pagaron, a la vida plácida y dominga que llevaban mis amigas. Todo eso lo intuía ligeramente, con las primeras nociones que tuve de Pierce en Semiología, con Sociedad y Estado, levantándome los sábados a las 5 am porque me habían sorteado para cursar a las 7 de la mañana. Ver el amanecer en el tren desde Luis Guillón hasta Avellaneda y tener frío. Enterarme en la estación, antes de ir a rendir un parcial de Psicología, que se había muerto El potro y que me chupe un huevo. Yo creía que nunca iba a aprobar una sola materia. Mi mamá siempre cuenta la misma anécdota: mi llanto desconsolado antes de los parciales. ¿Es que nadie entiende que dejar la secundaria y entrar a la universidad es un acto heroico para los tiempos que corren?

Ese fue el año de transición. Y ojalá que el CBC exista siempre, porque uno no puede ingresar a la UBA sin tener un año de precalentamiento. La UBA es un monstruo enorme, gigante, que nadie sabe muy bien cómo es que sigue en pie. “El milagro de la UBA” titulan en sus mentes las personas sin corazón. No convoquemos a la divinidad superior para entender la voluntad de las personas que todavía creen en el cambio, tanto los docentes como los no docentes como los alumnos que vamos a esas sedes del demonio a tramitar diez mil papeles por segundo y a buscar cincuenta sellos para poder anotarnos a una carrera en la UBA. Cuando entré por primera vez a la facultad de Ciencias Sociales, sede Parque Centanario o Ramos Mejía (a Marcelo T. solamente fui por cuestiones administrativas y a rendir inglés libre), vi que era un galpón adosado a una antigua fábrica y me encantó. Porque yo siempre soy de meterme en los “peores” lugares, soy de revolver basura, de mirar debajo de los autos. Pero de la carrera no tenía ni idea, y no la tuve hasta bien entrado el tercer o cuarto año, cuando pude unir algunas materias en la cabeza y cambiar para siempre mi manera de interpretar el mundo. Lo que de entrada siempre me lo inculcaron como blanco, de repente empezó a ser ¿por qué dirán que es blanco? ¿qué implica que sea blanco? ¿podría ser de otra forma si no fuera blanco? ¿qué es el blanco para mí? y así, insoportable pero a la vez tan original.

Hoy es el día en el que de a poco empiezo a despegar de esa etapa. El primer gran paso fue haber completado la cursada de las materias comunes para ingresar en la orientación. Muchas personas entran a la carrera con la idea de cursar periodismo, pero en el camino cambian de decisión y toman otros rumbos. Afortunados. Yo no pude. Yo iba destinada a estudiar algo que me iba a doler toda la vida. Si un reproche le cabe a la carrera (uno entre tantos, seguramente) es que inculca valores muy nobles que tienen que ver con esa amplitud en la mirada, ese ejercicio de conciencia al que nos vemos obligados a someternos (no entiendo cómo existen esos proyectos de licenciados en Comunicación Social que votan al macrismo o apoyan al campo. Para mí eso es una contradicción enorme, una falla en el sistema, la prueba viviente de que errar es humano) sólo para comprobar que por fuera del empapelado de todas las agrupaciones “militantes”, el mundo sigue yendo a contramano. Tratar de conjugar lo aprendido y el mercado laboral es una tarea mucho más ardua que volver a cursar Comunicación Social toda de nuevo. El día que a todos les “caiga la ficha” de lo importante que es saber discernir qué se dice cuando se dice, voy a estar tapada de laburo. Pero por ahora eso no pasa y no me sorprende para nada. Al contrario, lo interesante es que aún, después de 8 años (siete y medio en realidad), esté todo por hacerse.
P/D.: Siempre tuve muy claro que nunca iba a llegar a cursar en el edificio único. Y eso que les di 8 años de ventaja!! (bueno, siete y medio en realidad)
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Casi todas las personas que conocí en la facu y que me acuerdo sus nombres: mi gran gran amiga Mercedes Peluffo, Carolina Basualdo, Lucrecia Borja, Luz Akilián, Ignacio Maciel, Juan Martín Rosso, Marcos Almada, Mirta Kovalchuk (!!!), Ramiro Marchi, Vanesa López, Ciro Bercetche (perdón! Una vez te reté porque no hacías naaaaaada para el TP y me sacaba tu eterno letargo), Igancio Rodríguez, Luciano Beccaría, Gabriel del Rosario (la única persona de Luis Guillón que conocí en todo este tiempo además de mí misma), Carmen no sé qué (a veces te veía pasar y no te saludaba, pero no de mala onda), Agustina Vaccarezza (me acuerdo que hace 4 años me decías que ese era tu último año y todavía te sigo viendo en la facu!!), Lionel no se qué (te conseguí una entrevista de trabajo!), Franco Tejedor (o eras de Carlos Tejedor?), Verónica Burrai, Anabella Mutto Vazquez, Solange Mendizábal, Luis!! Luis Luis Luis Motta!, Ricardo Gastón Mihal (alias R&B!!), Joaquín Cardoso (el que siempre me bardea en el blog), Juan Belmonte, Federico Fernández, Sebastián Scherman, Mariana Nicasio, Gastón Bicondoa, Javier Sendra! (me alegra mucho conocerte), Rocío Martínez, Matías Izaguirre, Esteban Martínez, Mariana Mei, Victoria Gevara (qué mala onda que tenías en arteBA!), Natalia Russo (vos también sos mala onda) y seguramente me olvide de diez mil personas más, sorry, pero bastante bien estuve de todos modos.

martes 24 de junio de 2008

Clarín miente, TN desinforma y TVR se vende

Después del excelente post que se mandó Natanael sobre el tremendo cartel de VENDIDO que le colgaron a TVR, propongo revisar un concepto que se estuvo escuchando mucho por los medios de comunicación masiva: el del desinformación. Y como realmente se trata de una noción importante para la teoría del periodismo más moderna, aquella que reconoce la noticia como construcción y no como reflejo de la realidad y que, por lo tanto, no postula la objetividad como algo posible sino que habla de los discursos de los medios (gráfica, TV, radio, internet y sus múltiples combinaciones y variantes) como socialmente legitimados (por eso su peso, su terrible influencia, su falta de ética), me parece que lo más correcto es citar a un autor que teoriza sobre el tema antes que desinformar acerca de la desinformación. Dice Lorenzo Gomis*:

"La información previa al hecho condiciona la información del hecho cuando
éste se ha producido (...) Nuestro mundo estereotipado no es necesariamente el
mundo tal como desearíamos que fuese, sinotal como suponemos que es (...) Del
gran caos del mundo, elegimos lo que nuestra cultura ya ha definido para
nosotros y tenemos tendencia a percibir lo que presenta la forma estereotipada
por nuestra cultura (...) esos conceptos anticipados gobiernan profundamente
todo el resto de nuestra percepción. Esto explica que unos hechos obtengan mayor
resonancia que otros y, en definitiva, que los medios e incluso antes que ellos
las fuentes interesadas se adapten a lo que el público desea saber o gusta que
se le diga.

"La posibilidad de modificar el pseudoambiente (Nota de la Editora: la
forma en que el sujeto se imagina la realidad cuando no la vive por experiencia
propia)
en que vive el receptor a favor del pseudoambiente imaginado por el emisor es la llamada desinformación. La palabra "desinformación" apareció en círculos militares franceses como arte de engañar al adversario (...) La
desinformación surge cuando la información cesa de ser un fin para subordinarse
a los objetivos de una situación conflictiva. El que desinforma, actúa con la
intención de disminuir, suprimir e impedir la correlación entre la
representación del receptor (N. de la E.: pseudoambiente) y la realidad del
original. Contra los intereses del receptor, hábilmente engañado, la
representación de la realidad que se hace el receptor no es la realidad misma, sino la realidad que el emisor trata de venderle como buena.

"La desinformación, como la información, reduce el estado de incertidumbre. Pero no la reduce a favor del receptor, de modo que conozca mejor la realidad que antes. La reduce a favor del emisor, que consigue que lo que dice sea creído y tomado por realidad, no siéndolo.
" (N. de la E.: en todos los casos, las negritas y los subrayados son míos.)

Luego de las esclarecedoras palabras de Gomis, ya es más que explícito quién es el único público que tiene cabida en los medios de comunicación de masas hoy por hoy. La única excepción es -coincido nuevamente con Natanael- Página/12. Y si tenemos en cuenta que la mayor parte de la población a nivel mundial se informa a través de la televisión (razón por la cual proliferan los canales de noticias las 24 hs.), lo que ocurrió con TVR en la emisión del sábado 21 de junio de 2008 es grave. Es un claro ejemplo de desinformación y de que la bandera de la libertad de expresión que levanta con tanta prisa el periodismo corporativo de este país se vio, una vez más, pisoteada por quienes dicen defenderla a capa y espada. Y después se quejan porque no les dan una conferencia de prensa. Pero... ¿para qué darla?


*Poeta y periodista español, fallecido en 2005.
Texto extraído del capítulo Los interesados producen y suministran los hechos,
en Teoría del periodismo. Barcelona, Paidós. 1991

viernes 20 de junio de 2008

Quiz

¿Y si la farola se hubiera desprendido cualquier otro día?
¿Alguien hubiera reivindicado esa vida?
¿Alguien hubiera comprado filmaciones de cámaras de seguridad?
¿Para que todos podamos salir a corear un nombre?
¿Para que el retrógrado se abrazara finalmente al pobre?
¿Y si todo pudiera no haber empezado nunca?
¿Con las caras desnudas empezar a usar máscaras?
¿Porque te da vergüenza ser quien sos?
¿O porque adoptaste posturas infundadas?
¿Por qué entonces lo que es no tuvo que ser nunca?
¿Será que hay en eso una forma de pasado?
¿Justo que el "progreso" hoy lo está reivindicado?
¿Humildemente?

jueves 19 de junio de 2008

La plaza del amor y de los sueños

La conciencia social es eso que hace que mirar al de al lado no se convierta en una actividad extracurricular ni se tenga considerado como un acto heroico ni se lo viva como un riesgo permanente. La conciencia social es compartir sin después echar en cara y pedir sin tener vergüenza. La conciencia social es entender que las condiciones materiales de existencia (ingresos mensuales para administrarlos entre alimentación, vivienda, vestimenta, educación, salud, todo lo que permita la supervivencia y reproducción de la especie en su conjunto) no son las mismas para todos porque no somos iguales, porque hay centro y hay periferia y porque los intereses particulares de los individuos son tan dispares que hacen que la historia avance. Porque la historia comienza cuando se tiene conciencia social. Antes que eso, es la prehistoria, lo básico: comer y cagar, coger y nacer, vivir y morir. La conciencia social es organizarse en grupos en donde sus integrantes pueden no compartir el 100% de todas las ideas de todos los que conforman ese colectivo, pero sí cada uno cumple una función importante para el grupo que le da valor a la organización tanto interna como externamente. Porque hay más grupos allí afuera, hay más organizaciones en busca de cumplir sus propios objetivos y hay muchos objetivos esperando por una organización que los reclame. La conciencia social es social porque implica a más de dos personas: uno que mira al de al lado, que a su vez mira a otro, que ese otro mira un poco más allá, que el de más allá mira más acá, que se mira a su vez con uno que se toca el hombro con otro, que se sonríen, que se encuentran, que se reconocen como formando parte de un universo mucho más amplio aún y, a la vez, se definen como sujetos de la historia, como sujetos a la historia. Lo más noble de la conciencia social no es la caridad para con el otro, no. Es la posibilidad de saber más sobre uno mismo.

El sentido común es eso que hace que palabras, frases, oraciones enteras, párrafos larguísimos se pasen de generación en generación y se repitan una, dos, tres, diez mil veces en muchas bocas al mismo tiempo. Ahora mismo, mientras estas palabras se suceden unas detrás de las otras, alguien en el mundo está incitando a otra persona a que razone, a que use "el sentido común". Aparentemente entonces, el sentido común se puede usar de la misma forma que se usa una pinza, una herramienta. El sentido común tiene dos términos que es preciso desmembrar porque son fuertísimos por separado, individualmente. Pero cuando se los "usa" en una combinatoria imposible, se tornan livianos, se vuelven maleables justamente para que se puedan "usar". Sentido es el primero de esos términos. ¿Y qué es el sentido? ¿Qué cosas tienen sentido? ¿Quién tiene el sentido sobre las cosas? ¿O las cosas tienen sentido por sí misas? ¿Hasta cuándo dura un sentido? ¿Es el sentido eterno? ¿Y si no es eterno por qué el sentido común trasciende los tiempos, las personas, la historia? El sentido sin la cosa no puede existir porque no puede anclar en nada, eso es lo primero que se tiene que tener en cuenta. Lo segundo es que si no se le encuentra el sentido a algo, ese algo pasa a ser un sinsentido, por lo cual adquiere un sentido: el sentido de lo absurdo, el sentido de lo no comprendido. La sociedad no tolera baches en la significación de la misma manera que el individuo no tolera escarbar en su inconsciente y se reprime. Hoy las cosas son lo que las cosas son, y son lo que son hoy porque no son lo que eran ayer ni son lo que serán mañana. El sentido de la cosa está en el hoy, en el tiempo. El tiempo es lo que hace ser a la cosa lo que es y lo que la cosa es radica en el sentido que adquiere en el tiempo. El tiempo es ser en el tiempo. El tiempo es vida, la vida es ser, el ser es hombre. Hombre, tiempo y cosa=sentido. Lo demás es un cuadro de naturaleza muerta.
El otro término de la gran cuestión es lo común del sentido. Ya se ha visto que nada es tan simple como se cree, el sentido ha de ser una de las cosas más complejas y lo común no se puede quedar atrás. Pensar en común es pensar en comunidad: un grupo de personas que por una situación particular (cercanía geográfica, intereses, lazos de sangre, ideología compartida, etc.) y temporal se reconocen como un grupo que adscribe y abona aquello que los mantiene unidos. Una comunidad no es todo el mundo ni es eterna ni es más que otra. Pensar que puede haber algo así como un sentido común a la especie humana es equipar al hombre y a la mujer de una serie de conocimientos inmutables, inmóviles, incesantes e invariantes que no importa lo que pase ni a quién le pase: el sentido común será la guía para transitar todas las experiencias de este y cualquier otro mundo. ¿Pero para quién es común el sentido y para quién es el sentido común? Entonces, tal vez, razonar mediante el "uso" del sentido común no sea lo adecuado.

Lo más difícil de hacer cuando se juega con las palabras cristalizadas en el imaginario social (que se compone del lenguaje de las imágenes) es "bajarlas" a la superficie, a la tierra, a la plaza. Cualquier discurso de Cristina Fernández es un ejercicio para entrenar cabezas cómodas. Mucho de lo que relata se pierde como notas en el aire y ese puede ser un gran error. La presidenta goza del arte del decir y hace alarde de su capacidad de oratoria. Quienes pueden seguirla, celebran ese don. Pero más son los que se quedan con el pelo, la vestimenta, los modales, el rictus, el tonito, la soberbia. Soberbio es quien ejerce poder y no es comprendido. Ni como autoridad que manda ni como, cuando mandatario, se explica. La inteligencia es soberbia para los defensores del sentido común. Y el sentido común no requiere la reflexión que sí necesita la conciencia social. Por eso este conflicto se prolonga tanto: la regla de tres simple enseña que no se pueden poner en la misma columna manzanas con zapatos.

jueves 12 de junio de 2008

Quiz

¿En el staff de Mañanas Informales se estarán preguntando
quién se muere el mes que viene?

miércoles 11 de junio de 2008

El obrerito canadiense*

Es más o menos todo lo mismo siempre que suceden estas cosas y existe como una especie de necesidad de hacer catarsis entonces te ponés a manotear palabras en el aire para llenar con ellas una cabeza hecha de pensamientos desordenados que es preciso plasmar en algún soporte ya que el aire y el agua se escurren como arena en las manos sin comas ni puntos ni apartes ni nada que indique que acá se termina la frase y después empieza otra idea más o menos conectada con la anterior pero mucho más relajada porque el músculo gris ya hizo las gimnasia de precalentamiento uno dos tres arriba abajo por qué será que todas las obras en construcción son levantadas por obreros que no pueden contener las ganas de escuchar a Arjona mientras pegan un ladrillo al lado del otro un ladrillo al lado del otro y guarda que se te cae la viga en la cabeza menos mal que tenés el casco amarillo que exige la UOCRA:



todo eso se gritan entre sí los compañeros de la construcción eso se habla entre soldaduras y moladoras y mezcladoras de material que es siempre también así de abstracto porque es solamente material aunque se trate de cal de cemento arena ladrillo tornillos pala tierra un poquito de agua para mezclar pintura y quién sabe cuántas cosas más se necesitan para levantar en quince días una torre de veinte pisos con cinco departamentos de cartón por piso sí seguramente estén hechos de hormigón o mejor de durloc duranga que parece pared pero no porque suena a cartón pero es siempre material el material la construcción la obra trabajar en la obra es como querer llevar una idea al papel como esta vez más claro echale agua mezclalo un poquito más y hacés una pasta de enduido para emparejar una pared eso más o menos sería como recurrir a giros retóricos para relatar una historia porque el pasaje del pensamiento a la obra requiere traducir un lenguaje primitivo a otro lenguaje socialmente compartido y nunca es fácil pero siempre se le puede echar la culpa al arquitecto y eso es lo importante.

*se me soltó la cadena, mal.

martes 3 de junio de 2008

Tócala de nuevo, Bill

Bill Murray es uno de los actores más inexpresivos de Hollywood, hasta del mundo entero. Tiene los cachetes caídos, como marcados hacia abajo por el aburrimiento. Años de aburrido tiene este hombre. Además envejece mal, como se envejecía antes de las cremas antiarrugas. Bill Murray es uno de mis actores favoritos porque sabe cómo ponerte al límite de un grito, te lleva a ese estado malabarista que antecede a la toma de una decisión que uno cree muy importante, como cambiar de trabajo o sacar un crédito.

Tiene casi 58 años y 8 hermanos. Como todos, nació en el estado de Illinois en el seno de una familia muy humilde y para poder pagarse el colegio trabajó de caddie en un club de golf. Después estudió en la Universidad de Denver, de la que fue expulsado al poco tiempo por posesión de marihuana. Me empieza a caer bien la biografía de Bill.

Su carrera cinematográfica empieza mal, con fracasos y trabajos que no trascienden la memoria de una lombriz. Tal vez Cazafantasmas (1984) sea el comienzo para Bill de una cierta notoriedad, y suponemos que tal acierto provocó en él las reacciones más emotivas, como bien se puede ver en la siguiente fotografía:


Sin embargo, nunca vi Cazafantasmas así que para mí Bill empieza a gustarme a partir de What about Bob? (1991). Acá interpreta a un paciente de un afamado psiquiatra que de repente se encuentra con la noticia de que su doctor decidió tomarse vacaciones y reasignarle a Bob (Bill Murray) otro especialista. Pero Bob es dependiente de su psiquiatra. Bob es inseguro y necesita que lo guíen. Y como siempre pasa, las personas más inseguras son las que en momentos clave toman las decisiones más inesperadas y extraordinarias. Uno se pregunta ¿cómo llega alguien tan inseguro a dar semejante paso? Así es como Bob averigua adónde se fue su pisquiatra de vacaciones y comienza a perseguirlo, ganándose la confianza de toda su familia excepto claro la del pisiquiatra mismo, que no le queda otra que ceder ante las presiones de su esposa e hija para que Bob se instale con ellos en la casa. What about Bob? es una gran comedia plagada de absurdos, en la que Bill se luce como actor y comediante y hasta en la que se permite alguna que otra sonrisa ingenua, como esta:



Sólo pretendo recordar ciertos hits en la carrera cinematográfica de Bill basándome para ello en algunas fotografías ilustrativas. Son muchas las películas que hizo este hombre, y esperemos que sean muchas muchas más (o que cumpla para atrás, como se suele cantar en los cumpleaños de gente muy querida), así que me olvidaré de las que pasaron sin pena ni gloria por mis tardes de Cine Shampoo, o las que directamente no alcanzaron tal status.


Inmediatamente después de What about Bob? llega la ya consagrada como película de culto, Hechizo del tiempo (1993). Ilcorvino supo hablar muy bien de ella mezclándola, como es su especialidad, con la biografía de algún escritor uruguayo o las manifestaciones contra el gobierno y a favor de las clases más ABC1 del país. Yo, lo que tengo para decir es poco. Sólo que en esta peli Bill intenta, quiere, trabaja, piensa, idea, se sale de la vaina por tratar de ser feliz. Interpreta el papel de un presentador del pronóstico del tiempo, un weather man. Tiene que cubrir la para nada atrapante historia de la tradición de un pueblo que tiene la costumbre de esperar a que salga una marmota de adentro de una caja para que les anticipe hasta cuándo durará el invierno. Muchos son los periodistas que están cubriendo semejante evento, entre ellos una hermosa mujer de la que Phil (Bill) se enamora. Pero el tiempo no pasa, todos los días son el mismo día y Bill nunca logra avanzar en el floreo. Sólo tiene que romper el hechizo del tiempo con un beso. Y cuando lo logra, le pasa esto:



Impresionante, no? De verdad que sí.


Uno de los mejores papeles de Bill, tal vez por el que se hizo mundialmente reconocido y el que catapultó esa manera de ser lenta y tardía a la fama, es el que interpretó en Lost in translation (2003), dirigido por la talentosísima Sofia Coppola, hija del nuevo novio de Leticia Bredice. Es una constante en los papeles protagónicos de Bill que le toque ser siempre el hombre maduro antisocial aunque macanudo que busca y no encuentra al amor de su vida. Lost in translation o Perdidos en Tokio (como quieran eh, es indistinto) también fue el inflador que le dio hasta reventar a la bomba de Scarlett Johanson, tanto tanto que ahora hasta saca discos de covers. Pero Bill siempre fue más perfil bajo:



La única película comparable a Perdidos en Tokio en trama, sensaciones, emotividad, inexpresividad, clima y expectativas, es la excelentísima Flores rotas (2005) de Jim Jarmusch. Bill está increíblemente igual a sí mismo, como queriendo volver a sus raíces, aquellas que nunca dejó. Flores rotas tiene una banda de sonido muy tentadora, que invita a bailar música de Etiopía en el medio de la sala de cine, subido a una butaca. Pero cuando Bill escucha esa misma música en el living de su cada, se pone así:


¿Por qué, Bill? Si sos un genio, si te queremos. Si alquilamos The Darjeeling Limited (2007) porque nos dijeron que vos actuabas, y te queríamos ver de nuevo para saber en qué andabas pero lo único que encontramos tuyo fue esta escenita:



Volvé a las grandes ligas, Bill. No te creas esa del actor consagrado. Vos estás para más, estás para hacernos bien o, al menos, para no hacernos nada.

martes 27 de mayo de 2008

Sin city no hay sex


Esta semana se estrena en New York la tan esperada película sobre la serie que unió el sexo con la ciudad. Por eso tal vez sea tan importante para los neoyorkinos la llegada de este largometraje: de todas las historias de New York que andan dando vueltas por el mundo del celuloide, muy pocas dan cuenta de la actividad sexual cómo tópico central para mostrar la ciudad. Que haya sexo es que haya cuerpo, y eso es nuevo para los agitados trajes grises que caminan sin distraerse por las veredas angostas de la vida cosmopolita.
Sex and the city es la historia de cuatro amigas (de izquierda a derecha: Kristin Davis como Charlotte York, Sarah Jessica Parker como Carrie Bradshaw, Cynthia Nixon como Miranda Hobbes y Kim Cattrall como Samantha Jones) en sus treinta años (excepto Samantha que ya ingresó en los cuarenta), profesionalmente exitosas (la única manera de disfrutar New York como ellas lo hacen es siendo profesionalmente exitoso), sexualmente activas (todos los eufemismos han sido convocados) pero con serios problemas para entablar relaciones de pareja que pasen la barrera de la primera noche. Pero además Sex and the city no es únicamente eso, si así lo fuera no se entiende por qué la versión argentina de la serie, que se dio a conocer bajo el nombre poco atractivo de Cuatro amigas (producida por Telefé en el año 2001 y protagonizada por Inés Estéves, Paola Krum, Mirta Busnelli y Valeria Bertucelli) pasó sin pena ni gloria mientras que cada transmisión en televisión por cable de Sex and the city era seguida por una multitud de fans. El secreto de la serie está en la ciudad, no ya en los decorados montados a último momento con piezas que fueron sobrando de unitarios que corrieron peor suerte, mucho menos en el tratamiento de la temática sexual de manera pícara o chabacana o, lo que es peor, ingenua. Cuando las protagonistas originales se citan en un bar a desayunar, almorzar, en un after hour o se convocan para una cena entre amigas (ya se ha dicho, para disfrutar de New York de la manera en que ellas lo hacen, es necesario ser profesionalmente exitoso, acomodar horarios, tener tiempo libre) valen tanto los guiones ingeniosos que hasta ahora retrataron mejor que nadie el imaginario de la femineidad cosmo (que no la femineidad per se) como los ambientes naturales en que todo ese universo se desarrolla. Si Carrie escribiera al día siguiente en su columna para The New York Star "...¿cómo sucede que un hombre pase de ser la combinación perfecta entre un traje Dolce&Gabbana y un chocolate de Costa de Marfil, a ser el atuendo deportivo sin lavar con el que todas las mañanas hace deportes en Central Park? ¿Y que semejante cambio se dé en tan sólo cuestión de segundos? No hay que apurarse para pasar la noche con la persona 'indicada'..." sería imprescindible que las imágenes mostraran un poco de perfume importado junto a otro poco de sudor, mientras los carritos ambulantes de comida van despidiendo a lo lejos sus olores. Por eso también se ha vuelto imprescindible para la serie el sentido de la moda de sus protagonistas, especialmente el de Carrie y su obsesión confesa por los zapatos. Es condición sinequanon saber de diseño de indumentaria para ser protagonista en New York, sino recuerden el súbito viraje del personaje de Rachel camarera a Rachel profesional de la moda en Friends. Un poco de todo lo sofisticado de la city se derrama desde los balconies hacia el outfit of the characters.
Y semejante producción es nada más que para darle vida al sexo, está claro.